¿Cómo debería gestionar una organización la devolución de un animal adoptado?
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¿Cómo gestionar una devolución de adopción de un animal en una asociación? 8 min de lectura
Adoptar a un animal es una etapa importante, pero no todas las adopciones se desarrollan como estaba previsto. Después de unos días o varias semanas, un adoptante puede encontrarse con dificultades y pedir la devolución del protegido a la asociación.
Para los voluntarios, esta situación suele ser difícil de gestionar. Hay que actuar con rapidez y, al mismo tiempo, tomarse el tiempo necesario para entender lo que ha pasado. Sin embargo, una devolución de adopción no debe considerarse automáticamente como un fracaso. Suele revelar un problema de adaptación, una incompatibilidad o una información que no se había identificado antes de la colocación.
Para una asociación de protección animal, el reto es doble. Garantizar el regreso seguro del animal y comprender los motivos de la ruptura, para mejorar el resto de su recorrido.
¿Por qué analizar la devolución de adopción de un animal?
Cuando un residente es devuelto tras una adopción, la prioridad es, naturalmente, encontrarle una solución. Pero, una vez pasada la urgencia, es importante tomarse el tiempo de analizar la situación.
La devolución de un animal adoptado puede tener causas muy diferentes. Dos animales devueltos por sus adoptantes no necesitarán, por tanto, necesariamente el mismo tipo de atención.
- qué ha pasado realmente;
- desde cuándo estaban presentes las dificultades;
- en qué circunstancias aparecieron;
- si afectan al residente, a su entorno o a la relación con el adoptante;
- si ya se habían observado ciertos elementos antes de la colocación;
- qué datos podrán ser útiles en una próxima puesta en contacto.
Este análisis permite evitar reducir la situación a un simple «fracaso de adopción». Cada fracaso de colocación aporta enseñanzas valiosas sobre las necesidades y el perfil del pequeño protegido.
Identificar la causa de la devolución antes de decidir los siguientes pasos
Antes de buscar inmediatamente un nuevo adoptante, es útil comprender por qué la adopción no ha funcionado.
Un problema de adaptación
Algunos animales necesitan tiempo para adaptarse a un nuevo entorno. Un cambio de lugar, de ritmo de vida o de personas puede provocar reacciones inusuales.
Hay que distinguir entonces una dificultad temporal de una situación que realmente requiere una nueva orientación.
La asociación suele pedir al adoptante que describa con precisión las primeras semanas. Por ejemplo: su comportamiento, sus hábitos alimentarios, las interacciones con personas u otros animales, los cambios observados y las dificultades encontradas.
Una incompatibilidad entre el protegido y su entorno
Una adopción también puede fracasar porque el entorno de vida no se corresponde finalmente con las necesidades del recién llegado.
La presencia de otros animales, de niños pequeños, una vivienda particular o el ritmo diario del hogar pueden influir en el éxito de la integración.
Esta reintegración debe permitir entonces identificar mejor el tipo de entorno en el que podrá evolucionar con más tranquilidad.
Un problema de comportamiento o de salud
Algunos comportamientos o problemas de salud pueden aparecer después de la acogida en familia, o ser más difíciles de observar en otro entorno.
La asociación debe entonces recopilar los detalles disponibles y, cuando parezca necesario, orientar la situación hacia los profesionales competentes. Los voluntarios deben evitar establecer ellos mismos un diagnóstico médico o de comportamiento.
Un abandono de conveniencia
Por último, puede ocurrir que un adoptante desee devolverlo porque la realidad de ese compromiso no se corresponde con sus expectativas.
Incluso en esta situación, el juicio o la culpabilización no facilitan necesariamente la recuperación del animal. El objetivo inmediato sigue siendo recuperar al animal en buenas condiciones y recopilar suficiente información para comprender qué ha llevado a la devolución.
¿Cómo gestionar concretamente la devolución tras una colocación?
Un procedimiento sencillo permite no olvidar la información esencial, incluso cuando la situación es emocionalmente difícil.
1. Organizar rápidamente el regreso
El primer paso consiste en determinar cómo y cuándo se puede recoger al protegido.
La asociación también debe comprobar si hay disponible una solución temporal. Esto podría pasar por un regreso a su familia de acogida anterior, la acogida por otra familia, o cualquier otra solución adaptada a las posibilidades de la estructura.
La urgencia es garantizar su cuidado con total seguridad.
2. Recopilar los elementos junto al adoptante
Una vez organizado el regreso, tómese el tiempo de hacer preguntas precisas.
En lugar de preguntar simplemente «¿por qué desea devolverlo?», resulta más útil hacer que describa los hechos:
- ¿Cuándo aparecieron las primeras dificultades?
- ¿Qué ocurrió exactamente?
- ¿En qué circunstancias?
- ¿Cómo reaccionó el protegido?
- ¿Cómo reaccionaron los miembros del hogar?
- ¿Las dificultades eran constantes o puntuales?
- ¿Se observaron cambios con el paso de los días?
- ¿Se habían intentado soluciones?
El objetivo no es buscar un culpable, sino recopilar elementos útiles para el resto de su recorrido.
3. Evaluar la situación del animal
Tras su regreso, el pequeño refugiado debe encontrar un entorno adaptado y suficientemente estable para permitir a la asociación observar su estado.
La información aportada por el adoptante puede compararse con lo que ya se conocía antes de la adopción. Esta etapa permite a veces detectar una evolución, una nueva precisión o una dificultad específica del entorno anterior.
4. Organizar su nueva atención
Una vez comprendida la situación, la asociación debe determinar la mejor solución para el pequeño refugiado.
Si vuelve a una familia de acogida, es especialmente importante transmitir los registros de observación a la persona que va a acogerlo. La calidad de esta transmisión puede marcar toda la diferencia. La familia de acogida debe conocer su historial, las dificultades encontradas durante la estancia anterior y los puntos a vigilar.
Para evitar que estos datos se pierdan entre varios intercambios o interlocutores, a la asociación le conviene establecer una comunicación estructurada con sus familias de acogida. Una buena comunicación permite, en particular, transmitir mejor las observaciones, las necesidades del animal y la información importante a lo largo de su cuidado.
Esta transmisión es esencial cuando una asociación trabaja con varias familias de acogida y varios voluntarios.
5. Hacer balance de la situación
El proceso no debe detenerse en el momento en que el protegido encuentra una solución.
Tómese unos minutos para anotar las enseñanzas que hay que conservar para la próxima adopción:
- perfil de entorno a privilegiar;
- situaciones a evitar;
- necesidades particulares identificadas;
- detalles importantes que transmitir al próximo adoptante;
- elementos que podrían haberse anticipado mejor.
Esta etapa transforma un acontecimiento difícil en una fuente de aprendizaje para las próximas colocaciones.
A escala de la asociación, estos datos también pueden contribuir a seguir la evolución de las adopciones y detectar posibles tendencias. El seguimiento de algunos indicadores relevantes puede ayudar así a comprender mejor las dificultades encontradas y a identificar áreas de mejora.
¿Qué hacer con la información recopilada tras la devolución de un animal adoptado?
Una de las dificultades de las asociaciones es conservar todas estas notas en el lugar adecuado.
Una información comunicada por teléfono suele quedar en los recuerdos de un voluntario. Otra se encuentra en una conversación de grupo o en un antiguo intercambio con la familia de acogida. Unas semanas después, resulta entonces difícil reconstruir con precisión el recorrido del animal.
Un historial centralizado permite conservar una visión más completa de su recorrido.
En Pawer, la información relativa al animal puede centralizarse junto con los eventos importantes de su recorrido, su historial de acogida y la información relativa a su adopción. Esto facilita también la transmisión de información entre los miembros de la asociación y permite encontrar más fácilmente los elementos útiles cuando se organiza un nuevo cuidado.
El objetivo no es multiplicar los datos, sino hacer que la información correcta esté accesible para las personas que la necesitan.
¿Cómo limitar el riesgo de nuevas rupturas de adopción?
Un fracaso de colocación no significa necesariamente que la asociación haya preparado mal la adopción. Sin embargo, varias devoluciones similares pueden revelar un punto a mejorar en el proceso.
Tras varias situaciones de este tipo, puede ser interesante preguntarse:
- ¿Estaban suficientemente documentadas las necesidades del protegido?
- ¿Se había transmitido la información importante al adoptante?
- ¿Correspondía realmente el perfil del adoptante a sus necesidades?
- ¿Ya se conocían las dificultades encontradas?
- ¿Había transmitido la familia de acogida todas sus observaciones?
- ¿Permiten realmente las preguntas planteadas antes de la llegada del protegido evaluar la compatibilidad?
- ¿Se repiten regularmente ciertas causas de devolución?
Este análisis ayuda a la asociación a mejorar sus prácticas de adopción y la transmisión de los expedientes.
También puede ser pertinente seguir estos fracasos de colocación a lo largo del tiempo para identificar posibles tendencias. El objetivo no es producir estadísticas por sí mismas, sino disponer de elementos que permitan tomar mejores decisiones.
Para recordar
Una devolución de adopción requiere a la vez rapidez de reacción, escucha y método.
Los principales reflejos que hay que recordar son:
- Garantizar rápidamente el regreso seguro del protegido.
- Comprender las causas de la devolución sin culpabilizar al adoptante.
- Recopilar los hechos y los datos útiles.
- Transmitir estos elementos a la nueva familia de acogida o a los voluntarios implicados.
- Conservar el historial para mejorar las próximas puestas en contacto.
Una devolución puede ser una situación difícil para el compañero de cuatro patas, el adoptante, la familia de acogida y los voluntarios. Pero, cuando está correctamente documentada, también puede convertirse en una valiosa fuente de información para acompañar mejor al protegido en el resto de su recorrido.